Este blog está dedicado a compartir artículos y experiencias sobre terapias naturales, principalmente sobre shiatsu, masaje occidental, acupuntura, moxibustión y ventosas. También incluiré artículos sobre alimentación natural.

viernes, 14 de abril de 2017

Cuba: su nueva revolución campesina

Por Biodiversidad N°90, octubre 2016.

Cuba presenta una tasa de mortalidad infantil de 4.3 por mil nacidos vivos, la mejor del continente y mejor ciertamente que la de Estados Unidos. El sistema de salud cubano —gratuito— cuenta con la mayor tasa de médicos por habitante en el mundo entero y es reconocido como sobresaliente a nivel mundial, así como lo son sus sistemas de seguridad frente a situaciones de desastres (huracanes, inundaciones, etc.). La esperanza de vida en Cuba es de 79.03 años, nuevamente una de las mejores del continente y mejor que la de Estados Unidos. La educación primaria cubre al 100% de los niños y niñas, y los graduados de secundaria sobrepasan el 80%. Las alternativas de educación son diversas, permitiendo que la Universidad no sea el único camino para obtener una educación más profunda o una profesión digna y satisfactoria. Los centros de investigación son múltiples y de calidad reconocidos internacionalmente. En la agricultura, no hay área de producción que no cuente con centros múltiples de investigación y un sistema de pruebas en el campo que permita ir corroborando los avances.

En la agricultura, los avances son innegables. Luego de la crisis del sistema de agricultura industrial provocado por el término de los suministros provenientes del bloque soviético, se irguió un sistema de producción diversificada que ha demostrado avances innegables. Las grandes superficies de azúcar y cítricos, han dado paso a una agricultura diversificada, orientada a la alimentación de las y los cubanos. Junto a los cultivos básicos llamados “viandas” (principalmente tubérculos y raíces), ha aumentado la producción de fruta, de frijoles, de maíz, han más que duplicado la producción de carne de cerdo en los últimos quince años, y han aumentado casi un 50% la producción de huevos, mucho de ello con tasas crecientes de productividad y eficiencia.

La situación y evolución de la agricultura campesina en Cuba es posiblemente única en el mundo. Sólo entre 2007 y 2014, la superficie agrícola en manos campesinas aumentó casi un 50%. El porcentaje de personas menores de 40 años es mayor en las áreas rurales que en las urbanas y la población rural envejece ligeramente más lento que la total, lo que indica que la juventud no está siendo expulsada del campo. En esos mismos años, las familias campesinas del mundo entero desaparecen por millones al año, y la población rural ve desaparecer a sus jóvenes.

Lo anterior no es casualidad. Se debe a las políticas públicas de fomento y apoyo a la agricultura campesina y —aunque la palabra no se utilice necesariamente en documentos públicos— de fomento y construcción de la soberanía alimentaria. A los decretos 259 y 300 de reparto de tierras en usufructo, se suma la presencia general de la organización campesina. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) es un vehículo de apoyo y concientización que permite el avance sin par de la agroecología en la isla, demostrando como en ningún otro país que producir alimentos y cuidar la tierra y las personas que la trabajan son tareas simultáneas y complementarias.

Estos logros han sido posibles aun bajo el bloqueo económico despiadado y criminal que ha privado a Cuba de materias primas básicas con las que no cuenta el país (como el petróleo y el acero), de herramientas, de maquinaria, de instrumentos básicos. Cualquier economía latinoamericana sometida a un bloqueo similar se declararía en la ruina total en unos meses. Cuba ha resistido 56 años.

Ninguna de estas cifras es tan asombrosa como el contacto directo con las familias y organizaciones campesinas. Conversar con ellas nos dio experiencias extraordinarias, como escuchar que la agricultura campesina es “entretenida”, u oír gente joven que se enamoró del campo y sus labores. Varias veces escuchamos que alguien se presentaba con orgullo como campesino o campesina, explicando cómo y qué producía, y cómo cuidaba la tierra para generaciones futuras, para después enterarnos conversando que ese campesino o campesina había sido ingeniero, profesora, agrónoma o militar. Vimos personas muy jóvenes contar con entusiasmo que se estaban introduciendo en la producción agrícola. Presenciamos conversaciones de igual a igual entre campesinos e investigadores. Vimos campesinas y campesinos, jóvenes y mayores, haciendo investigación con resultados asombrosos. Encontramos un campesinado sin temor a perder la tierra producto de las deudas. Personas sanas y saludables, sin temor a la contaminación. Hallamos un campesinado digno, orgulloso de lo que hace y —qué asombro— feliz.

También vimos algo asombroso, y que abre una esperanza más para todos nosotros: las muchas personas que vuelven al campo en Cuba son luego de un tiempo difíciles de distinguir de otras personas que han sido campesinas toda su vida. Se sienten campesinos, piensan como campesinos, miran como campesinos, trabajan (con orgullo) como campesinos. Eso nos dice que para que nuestros países mantengan viva la agricultura campesina —condición imprescindible para un futuro vivible para todos— no necesitamos (como muchos acusan) encadenar a los jóvenes, sino posibilitar un futuro digno, orgulloso y feliz para los jóvenes que quieren permanecer y para quienes quieren sumarse.

Cuba muestra que la agricultura campesina es parte de los fundamentos de una sociedad mejor. Que lo dicho por la Vía Campesina y muchos otros de la importancia y el inigualable potencial de la agricultura campesina para proteger el planeta, alimentar a la humanidad y asegurar el buen vivir, es plenamente cierto.


Las recetas no funcionan, lo que se propone son principios
Por Peter Rosset

Sin la transformación agroecológica por la cual ha pasado el campesino cubano, gracias a la ANAP, gracias a la metodología del movimiento “de campesino a campesino”, tal vez no existiría hoy en día la Revolución Cubana.

Cuando se colapsaron las relaciones económicas con el extinto bloque socialista, Cuba entró en una profunda crisis económica y alimentaria. Cuba tenía una inserción en el ex-bloque socialista, y no muchas relaciones con los demás países de América Latina y el Caribe del bloque capitalista. Cuba era exportador de materias primas de la agricultura, sobre todo caña pero muchos frutos también, importaba el grueso de sus alimentos y tenía el sistema agropecuario más industrializado de toda América Latina y el Caribe: más tractores, más uso de fertilizante químico, unos de los rendimientos más altos de la región. Pero cuando desaparecieron las importaciones y Estados Unidos recrudeció el bloqueo, ya no entró ni fertilizante ni plaguicida ni equipo de riego ni piezas para tractores ni nada. “¿Entonces qué va a comer Cuba?”, decían “porque ya no entran los alimentos tampoco”.

De repente el país se tuvo que alimentar a sí mismo, pero sin los insumos importados y tuvo que reconvertir su agricultura, de una de monocultivos de exportación a una agricultura de producción de alimentos.

En toda la primera década de la crisis, que fue la década de 1990, estaban logrando más o menos medio sobrevivir con una aplicación no muy sistemática de prácticas agroecológicas, en parte gracias a que un 10-15% del campesinado cubano nunca se había ido con la finta de la agricultura industrial y todavía tenía prácticas que se podían compartir, y en parte porque los científicos cubanos innovaban algunas alternativas, pero la verdad es que hacia el final de la década las cosas estaban bastante mal. En este momento la ANAP buscó una transformación agroecológica más completa para cumplir con la urgente necesidad de alimentar al país, sin insumos, de una manera más organizada y más eficiente, y en eso, por pura casualidad se enteraron de la metodología “de campesino a campesino” que se aplicaba en Centroamérica, y a final de la década la comenzaron a implementar de manera organizada y sistemática entre el campesinado. El campesinado en Cuba pertenece a cooperativas, o a cooperativas de crédito y servicio (CCS) donde cada familia tiene su propia parcela, o a las cooperativas completamente colectivizadas (CPA).

Con esta metodología, gracias a esa pequeña cantidad de campesinos que conservaban las prácticas de antes, gracias a que algunos ya implementaban con éxito algunas de las prácticas innovadas por los científicos, hubo la base de lo que se transformaría en los promotores, los campesinos y campesinas promotores “de campesino a campesino”. En esa metodología un promotor o una promotora es un campesino o campesina que ya tiene mucho éxito con una o más prácticas agroecológicas y que recibe las visitas de otros campesinos y campesinas para que aprendan cómo él o ella utilizan esas prácticas y cómo logran lo que se proponen.

Eso fue un cambio radical, porque hasta este entonces, Cuba (al igual que los demás países) estaba bajo el modelo de asistencia técnica, donde los técnicos llegaban a los campesinos a decirles cómo producir, y honestamente esto puede servir para recetar agrotóxicos pero no sirve para la agroecología, porque la agroecología requiere de saberes locales, creatividad y principios aplicados de una manera distinta en cada realidad. El antiguo modelo de asistencia técnica lo que hace es transformar a las familias campesinas en receptores pasivos de conocimiento y no estimula su creatividad, no utiliza sus saberes locales.

En cambio, “de campesino a campesino” se basa en el protagonismo campesino, en sus saberes locales, en su capacidad de rescatar prácticas populares y/o ancestrales, su capacidad de innovar nuevas prácticas, su don de compartir con otros, su deseo de compartir, y es un proceso súper dinámico y alcanzó un éxito enorme en Cuba. En los primeros diez años llegaron a incorporar a la tercera parte de las familias campesinas de todo el país en un proceso de transformación mayor, agroecológica, de sus parcelas y fincas, y en pocos años más alcanzaron la mitad de todas las familias campesinas del país.

En este mismo periodo, la contribución de la agricultura campesina a la producción nacional de alimentos se incrementó en términos absolutos muy significativamente y también en términos relativos, o sea la proporción que viene del campesinado versus la proporción que viene de otros tipos de productores aumentó, lo que demuestra que cuando el campesinado tiene en sus propias manos, con su propio protagonismo, la posibilidad de hacer transformaciones, de vivir mejor, lo puede lograr y eso puede ser pieza clave en la construcción de la soberanía alimentaria nacional y en la transformación de Cuba: hoy un ejemplo mundial de lo que se puede lograr con la agroecología, con la agricultura campesina agroecológica, y en particular mediante una metodología y un movimiento social, “de campesino a campesino”, que pone al campesinado en el papel de quienes deciden y construyen su propio destino.

Así, gracias en parte a la revolución agroecológica, la Revolución Cubana continúa, que no es cosa menor, porque hasta ahora no ha habido ningún país más con logros agroecológicos semejantes. Que no se haya arrodillado frente al poderío del vecino del norte ha servido como inspiración para los movimientos sociales de tantos países, sobre todo en América Latina, pero en el mundo entero. Gracias a la agroecología y al campesinado hemos podido seguir en la inspiración y el ejemplo de la existencia de Cuba y su Revolución. El hecho de haber logrado también la revolución agroecológica, no sólo la socialista, convierte a Cuba no solamente en un faro revolucionario en términos políticos, sino un faro agroecológico: una prueba de que sí se puede.

Ahora, mucha gente dice, no: Cuba es un caso especial, no todos los países son Cuba. Y siempre se remiten al supuesto de excepcionalismo cubano para decir que cualquier éxito en Cuba no se puede replicar en otros países. Bueno, unas respuestas importantes a eso.

Primero, la agroecología se basa en principios, no en recetas. Nadie va a sugerir que lo que se hace en un país se puede copiar como receta en otro país, de igual manera que no se puede copiar como receta una práctica agroecológica de una región a otra región, pero sí se pueden aprender principios y uno puede inspirarse en el éxito de la aplicación de esos principios, y creo que hay principios muy importantes en Cuba que hemos aprendido y que han quedado demostrados por el ejemplo de la ANAP y el movimiento agroecológico “de campesino a campesino”. Uno es que el proceso de transformación va muchísimo más rápido cuando se utiliza una metodología de movimiento y una metodología social que estimula y se basa en el protagonismo de las propias familias campesinas. En cambio, cuando las familias campesinas esperan pasivamente a que llegue un técnico de afuera a resolver sus problemas, nada avanza con ninguna velocidad significativa. Entonces, demuestra una lección clave, que es que los procesos de transformación se tienen que basar en el protagonismo de los propios actores.

Dos, a través de los años mostraron que el más grande logro de la agroecología (en cuanto a superar la productividad de los monocultivos con costos mucho más bajos), no viene de la sustitución de insumos, o sea de quitar un pesticida químico y colocar un pesticida biológico. La verdadera ventaja se moviliza cuando se integran los sistemas, se integran múltiples cultivos, árboles y animales, en sistemas complejos. En Cuba, en los últimos años, se ha demostrado la superioridad de los sistemas agroecológicos altamente integrados, que casi ya no dependen de insumos de afuera, ni de insumos químicos ni insumos biológicos. Ésta otra lección importante.

Tres. Quizás la otra lección es que cuando el campesinado tiene un poco de incentivo, el campesinado puede ser mucho más productivo que el monocultivo industrial empresarial, sea empresa capitalista o sea empresa socialista. Aquí vale la pena mencionar que el precio que reciben los campesinos por sus cosechas en Cuba es un precio digno, a diferencia de otros países en donde les pagan una miseria. En Cuba el campesinado tiene acceso a la tierra gracias a la reforma agraria revolucionaria reciente. El acceso a la tierra y un precio justo son factores que estimulan la transformación. Ésas son lecciones que podemos aplicar en otros países.

Cuatro. Otra lección es que la organización (de manera sistemática, intencionada, con la aplicación conciente de metodología social), es clave también para estos logros, y todo eso se puede aprender y utilizar en otros países como principios, aunque no se puede copiar el caso cubano (ni ningún otro caso) como receta.

Ahora que Cuba está en la encrucijada con la normalización de relaciones con Estados Unidos, no hay ninguna duda de que las multinacionales del agronegocio y del sistema alimentario de Estados Unidos tienen a Cuba en la mira, y tienen planes grandes para aprovecharse de la agricultura cubana, tanto para venderle insumos y maquinaria, como para utilizar al agro cubano como plataforma de exportación a Estados Unidos.

Por el lado de Estados Unidos no hay duda. Ya el Secretario de Agricultura Tom Vilsack ha visitado varias veces a Cuba, ha recibido visitas de su contraparte cubano en varias ocasiones. Incluso viajaron juntos a Puerto Rico, un simbolismo espantoso, siendo Puerto Rico el alter ego de Cuba, la colonia gringa en el Caribe, según la canción de Pablo Milanés, “es el ala que cayó al mar”. Quién sabe qué significa esa visita, pero está claro lo que busca Estados Unidos.

Por el lado cubano, cuando uno habla con la ANAP y con otros actores del agro cubano, ellos dicen: primero, estos cambios no vienen tan rápido como pensamos; dos, la gente de la ANAP dice: pueden querer lo que quieran, pero aquí el campesinado cubano resiste en la parcela, en la tierra, en los territorios, que no luchó con armas para lograr el congreso campesino cuando se declaró la reforma agraria revolucionaria, como para rendirse a la primera vez que tocan la puerta.

Gracias a la reforma agraria, a la agroecología, a los precios justos, hoy día el campesinado vive muy bien en Cuba, por lo que no van a hacer ventas por miseria como hacen otros países. Sin embargo, es también claro que hay uno que otro funcionario interesado en volver al modelo de agricultura industrial.

Y aunque Cuba tiene muy buenas políticas públicas para apoyar a la agroecología, cada una fue conquistada por la ANAP, por los buenos resultados que la ANAP ha mostrado en la práctica. Hay sin embargo algunas mentes pensantes del Ministerio que nunca fueron y todavía no son verdaderos creyentes de la agroecología. Son como los funcionarios de los ministerios de agricultura del mundo entero, que creen tremendamente en la agricultura industrial, y esperan la oportunidad para volver a ese modelo, pues para ellos la agroecología era para mientras y la agricultura campesina era para mientras. Entonces, puede haber una situación de disputa en Cuba. Quizás no tan pronto, pero viene, y como diría Fidel, la historia nos dirá.

La otra cosa que vale la pena mencionar es que hay indicaciones de que Tom Vilsack piensa que un papel importante para Cuba, una vez que se levante el bloqueo, y eso no viene tan pronto, sería suplir el mercado de invierno de las cadenas de supermercados en Estados Unidos con productos orgánicos. Los rumores dicen que él ha dicho al ministro cubano que tranquilo, que no hay que tirar la agroecología a la basura. Sin embargo es preocupante, porque lo que quiere entonces Estados Unidos es que todos esos productos sanos, deliciosos, maravillosos de la agroecología cubana, vayan para los consumidores de alta capacidad de consumo en Estados Unidos. Imagino que la contraparte es que Estados Unidos quisiera que fuera Cargill y ADM y otras empresas gringas las que mandaran alimentos procesados, comida chatarra, para alimentar a la población cubana. Obviamente un escenario que nosotros no queremos, y ojalá en Cuba se encuentre la manera de resistir esas intenciones.

En todos los países de América Latina y del mundo, el campesinado se enfrenta a una verdadera guerra contra el campo, una guerra territorial donde las industrias extractivistas del agronegocio, de la minería, las plantaciones tipo desierto verde y agrocombustibles, están intentando despojar a los pueblos de sus tierras. La agricultura industrial está produciendo alimentos horribles para los supermercados, para los consumidores, y la verdad es que es una guerra de vida o muerte, con persecución y criminalización de las luchas sociales. En eso La Vía Campesina llegó desde hace unos años a la conclusión de que la agroecología campesina es estratégica para la resistencia frente a esta guerra que nos están haciendo, y también para más allá de la resistencia, para la transformación de nuestros territorios en territorios campesinos agroecológicos, algo diferente a los territorios del agronegocio, de la minería y del capital.

Estos territorios agroecológicos en lugar de producir la muerte, alimentos dañinos, contaminación, destrucción ambiental, serían territorios que producen la vida, que conservan la cultura, que producen alimentos sanos y saludables para la población. Ellos son un argumento a favor de la reforma agraria popular y la defensa de tierras y territorios, porque serán territorios que tengan importancia para toda la población, no sólo para el campesinado, y serían un elemento clave para mejorar la vida en las zonas rurales de las propias familias campesinas, pero también para ofrecer un campo mejor para toda la sociedad, un campo que conserva lo que la población desea conservar en el campo: cultura, la madre tierra, ofreciendo alimentos sanos y de acuerdo con las culturas alimentarias gastronómicas de cada país.

En este sentido, se ha decidido que la agroecología sea estratégica, que Cuba es de los mejores ejemplos que tenemos, que las lecciones “de campesino a campesino” en Cuba en forma de principios son cruciales para la construcción de los procesos en otros países.

Sistematizar, documentar, aprender de las lecciones del éxito cubano agroecológico campesino y socializarlas, es tarea primordial en La Vía Campesina de la CLOC.

Es crucial insistir en que tenemos un problema en todos los países, que es consecuencia de la guerra de despojo, no sólo de tierra y territorio, sino también de los saberes tradicionales, populares, ancestrales y actuales, y que provoca que la gente no encuentre el deseo, las razones para quedarse en el campo y en sus territorios, o cómo hacerlo.

Pero en Cuba, con el éxito agroecológico, el ser campesino es muy interesante. Es de los pocos lugares donde se ha logrado revertir el éxodo del campo y hay un flujo neto de personas de regreso de la ciudad al campo porque ahora el campo sí vale la pena, mientras que en el resto de los países esta terrible situación hace que la gente se vaya del campo, porque ya no se puede habitar. Pero con la agroecología y con la construcción de territorios campesinos agroecológicos, con la reforma agraria popular y una agroecología po-pular y la defensa de los territorios, podemos imaginar un habitar de nuevo el campo, los territorios, una nueva convivencia con la madre tierra, que es la casa de todas y todos. Tenemos mucha esperanza de poder revertir esa terrible tendencia deshabilitadora de la tierra, de las personas, y una esperanza de volver a habitar en nuestra madre tierra.